November 3, 2011 by eroyuela
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Las paperas, o parotiditis, es una enfermedad infecciosa causada por un virus miembro de la familia Paramyxoviridae (MuV; del inglés ‘Mumps Virus’).

Esta enfermedad es más frecuente en la infancia y se caracteriza por la inflamación de las glándulas parótidas, que puede ser uni- o bilateral. Sin embargo, es frecuente encontrarse con síntomas más severos tales como meningitis aséptica, encefalitis, orquitis, mastitis, etc.
El diagnóstico de la enfermedad se realiza atendiendo a los síntomas clásicos como es la inflamación de las glándulas parótidas, tal y como se ha comentado anteriormente. Sin embargo, y aquí está la gracia del asunto es frecuente que la enfermedad curse sin la aparición de estos síntomas tan vistosos. Por ello, en aquellos casos sospechosos (porque presentan otros síntomas de los descritos) han de ser diagnosticados en el laboratorio.
Para realizar dicho diagnóstico, la Organización Mundial de la Salud (OMS), recomienda como técnicas de referencia (‘gold standard’) el aislamiento del virus en cultivo celular y la confirmación serológica (normalmente a través de la detección de IgM, aunque puede ser IgG/IgM).

No obstante, en mi opinión (y no es la ñunica) el aislamiento viral es una técnica con una baja sensibilidad y muy laboriosa, que prácticamente ha sido limitada a centros y laboratorios de referencia. Y más que nada utilizada para posteriores análisis, no sólo con intenciones diagnósticas.
Por otro lado, la detección de la IgM resulta una metodología muy limitada para el diagnóstico de parotiditis ya que muchos de los individuos infectados por el MuV no generan respuesta de este tipo (ya que han sido previamente vacunados) y por tanto si utilizásemos únicamente esta técnica diagnóstica estaríamos cometiendo un grave error y tendríamos un alto porcentaje de falsos negativos, falseando la prevalencia real de este virus.
A pesar de los inconvenientes hallados en los métodos propuestos por la OMS, ésta se niega a escuchar las recomendaciones de quienes sugerimos la recomendación del diagnóstico de parotiditis a través de métodos de amplificación molecular (véase PCR), los cuales han demostrado solventar los problemas existentes en el obsoleto diagnóstico por detección de IgM y aislamiento en cultivo celular.
Sin embargo, y a pesar de la reticencia de la OMS a recomendar esta técnica (incompresiblemente) este no es el principal problema que nos encontramos con la parotiditis.
Las paperas es una enfermedad inmuno-prevenible, llegando a alcanzar una inmunidad de hasta el 80% con una única dosis de vacuna. En la actualidad se están administrando tres dosis, y las edades de administración dependen de cada programa de vacunación. La vacunación de rutina ha sido incluida en la mayoría de los calendarios vacunales de los países desarrollados, llegando a reducir drásticamente la incidencia de esta enfermedad.
Esta vacuna se suele administrar junto con las vacunas del sarampión y la rubéola (otras dos enfermedades típicas de la infancia), constituyendo la vacuna conocida como triple vírica.
La cepa vacunal más utilizada, en el caso de la parotiditis, es una cepa del genotipo A, conocida como Jeryl-Lynn. También se han utilizado otra cepas vacunales como la cepa Rubini (genotipo A), Urabe (genotipo B) o Leningrad-Zagreb (en la actualidad se está debatiendo crear un genotipo E solamente para estas cepas vacunales, aun no incluidas en ningún genotipo). La cepa Rubini se utilizó en España cuando se incluyó la vacunación de las paperas en el calendario vacunal, aunque después se retiró porque se demostró que tenía una baja eficacia inmunogénica. En el caso de la cepa Urabe (que no se ha llegado a utilizar en España, afortunadamente) se retiró porque la tasa de meningitis vacunales era superior a la esperada. En el caso de las cepas Leningrad-Zagreb, se están administrando en la actualidad en algunos países de Europa del Este y Latinoamérica, principalmente.
Entonces, ¿Qué problemas plantea la parotiditis en la actualidad? ¿Por qué no ha sido incluida en Planes de Eliminación?
A pesar de que la vacuna consigue alcanzar coberturas realmente altas, tanto en sarampión, como en rubéola y parotiditis, en el caso de esta última se están produciendo en la actualidad brotes en individuos vacunados. Esto ha provocado que mientras que sarampión y rubéola hayan sido incluidos en sendos planes de eliminación, en el caso de la parotiditis esto no sea posible.
¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué con una alta de cobertura vacunal siguen produciéndose brotes en individuos vacunados?
Con la mayoría de epidemiólogos con los que he hablado coinciden en que estos casos en vacunados coinciden con el porcentaje de individuos que quedan fuera de la protección de la vacuna y aquellas personas que recibieron alguna dosis de la vacuna que contenía la cepa vacunal Rubini, que como he dicho anteriormente, era poco inmunogénica.
Sin embargo, y aquí está el motivo de este post, algunos investigadores creemos que hay algo más. ¿En qué basamos nuestra hipótesis?
1. Muchos de los individuos vacunados que están siendo infectados no entran dentro del rango de edad de aquellos supuestamente vacunados con Rubini.
2. La ondas epidémicas de la parotiditis están dominadas por determinados genotipos, aun habiendo sigo descrita co-circulación, al final, el predominio ha resultado claro en favor de determinados genotipos. En la gráfica puede verse cómo en las dos ondas epidémicas ocurridas en España los genotipos predominantes resultaron H y G.
Basándonos en estas observaciones, y otras que mencionaré a continuación, hemos elaborado nuestra propia hipótesis, según la cual se podría estar vacunando con un genotipo inapropiado.
Esto se desvela tras los análisis filogenéticos que hemos realizado. En estos, hemos podido comprobar cómo el genotipo A, al cual pertenece la cepa vacunal utilizada (Jeryl-Lynn), no mantiene una relación de parentesco muy estrecha con el resto de los genotipos de MuV. Estos resultados han sido igualmente obtenidos cuando el análisis filogenético se ha hecho utilizando las secuencias de aminoácidos, en lugar de las secuencias de genomas.
Esto sugiere que, a pesar de que los niveles de anticuerpos generados por la vacuna usando una cepa de genotipo A para proteger sean altos, estos podrían no ser eficientes en la neutralización de la infección cuando el genotipo que infecta al huésped es otro distinto al genotipo A.
En la actualidad, para corroborar esta hipótesis estamos evaluando in vitro la capacidad de neutralización de los anticuerpos de individuos vacunados frente a los diferentes genotipos virales.
No obstante, aparte de este trabajo que estamos realizando, sería necesario obtener más datos sobre la incidencia de MuV en individuos vacunados con otras cepas distintas a las del genotipo A, lo que no resulta fácil ya que en muchos de estos países no se realizan estudios de epidemiología molecular.
Este post participa en el VII Carnaval de Biología que se hospeda en el Blog de Manuel Sánchez 'Curiosidades de la Microbiología'





